Amarga y repugnante sangre. Amarga y repugnante sangre de ella.De Ginebra. Cuando se marchó me llevé la mano izquierda a la cabeza y la agaché, apretando los dientes. Mi respiración se enrareció y entreabrí los ojos, cuando noté que tenía fuerzas. Creí que cuando pudiera verla de nuevo podría matarla, creí que podría destruirla con mis propias manos. Pero no pude. Mi cuerpo se detuvo y silenciosamente decidió servirle. -La próxima vez lo único que haré será matarte.-Gruñí.
La poca sangre que entró en mí, quemaba mi garganta y el escozor no tardó en extenderse en el resto de mi cuerpo. Me hice hacia delante y dejé caer la cabeza. Un escalofrío recorría mi cuerpo, a la vez que parecía estar ardiendo. Torpemente llevé una de mis manos a uno de los bolsillos de mi chaqueta, saqué una pequeña caja y la abrí. Aquellas pastillas para apalear la sed, que en mi no funcionaban, estaban allí y me las tomé todas poco antes de perder el conocimiento.
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Un sonido repetitivo me despertó. Abrí los ojos con dificultad, pero ya mi cuerpo estaba más calmado y miré a mí alrededor. Era de día y hacía bastante frío. Me levanté poco a poco, mientras aquel sonido continuaba. Era el teléfono. Me acerqué y respondí. Trabajo. Qué raro… Tras unos segundos de conversación, acepté el trabajo en una vivienda. Cuando llegué olía a comida y cuando me abrieron la puerta vi a muchas personas, andando de un lado para otro. -Es…-pensé, mientras me llevaba la mano a la cabeza.- ¿El día de navidad?
Una joven fue la que me recibió, un par de años menor a mi edad aparente. Le sonreí suavemente, mientras hacia un gesto con la mano y me presentaba. No tardó en llevarme al cuarto donde estaba aquel ordenador. Me dejó solo en aquella habitación y cuando pasó media hora, apareció de nuevo. No me había fijado en ella, pero en ese momento sí que lo hice. Era joven, delicada y de cabello muy largo y rubio. Me sonrió suavemente, mientras preguntaba: -¿Qué tal va?-Luego se reclinó un poco hacia delante.
Mis ojos fueron directos a su cuello, sin embargo cuando me di cuenta de lo que hacía cerré los ojos con fuerza y regresé, tras un poco, mi mirada al ordenador. -Bien, no tardaré demasiado.-respondí, con voz tranquila.
Carraspeé y me hice el pelo hacia atrás, mientras entrecerraba los ojos. Ella estuvo presente durante un largo rato, en el que yo no podía concentrarme. Percibía su olor, el olor de su sangre. -Ginebra…-pensé y luego apreté los dientes.- Maldita seas…
Cuando por fin terminé, escapé de allí tan rápido como pude. Incluso cuando la muchacha fue a entregarme el dinero, evité tocarla. Tras un largo rato, estuve dando vueltas por la ciudad, intentando que el frío calmase mi sed. Pasaron las horas, se hizo de noche y no lo conseguí. Crucé una esquina y me detuve, allí, delante de mí, la silueta de una mujer. Había logrado percibirla por el brusco movimiento de sus cabellos debido a la corriente del viento. Me acerqué un poco más y volví a pararme, aquel olor... sin duda, era ella. -¿Qué haces aquí?-pregunté, luego giré el rostro evitando mirarla. -Podría hacerte la misma pregunta.- farfulló caminando hasta un claro de luz, dejándose ver. -Algo que tu no has experimentado nunca.-me carcajeé- "trabajar"
Ginebra mostró una pequeña sonrisa, y sacó las manos de sus bolsillos. -Tú no sabes nada sobre mí.- -Ni quiero hacerlo.-respondí, luego ladeé un poco la cabeza mientras continuaba sin mirarla.- Pero sólo con observarte uno puede darse cuenta del tipo de vampira que eres. -¿Ah si? Y dime, ¿qué tipo de vampira soy?- -Caprichosa, mimada y vaga. -Sólo has acertado una, soy muy caprichosa y cuando me propongo algo, siempre lo consigo, sea lo que sea.- -He acertado los tres y bueno... -Murmuré, luego hice un gesto despreocupado con la mano.- Siempre hay una primera vez para todo, incluido para el hecho de no conseguir lo que se desee. -Para mi.- dijo acercándose a mi. -No hay excepciones.- -Para todo el mundo lo hay.-espeté, luego le miré fijamente a los ojos y fruncí el ceño. -En ese caso.- se acercó aún más, y me tomó la barbilla. -No serás tú esa excepción.- -Tsk.-Protesté, a pesar de todo hice un gesto con la cara y me soltó y luego le miré, retante. -¿Sabes por qué maté a tu familia?- dijo de repente.
Abrí los ojos un poco más y la miré fijamente. Sin embargo, rápidamente volví mi cabeza al frente e intenté mantenerme impasible, aunque no lo conseguí. -Sabía que esto si que te interesaría, bien, ¿quieres saberlo?- -Haz lo que te de la gana.-espeté. -Ellos... los von Kohler, mataron a mis padres, en realidad, a toda mi familia...- -¿Ojo por ojo entonces?-pregunté, la miré cruelmente.- ¿Y qué tiene que ver que me convirtieras? -No creí que tuvieras la culpa, por eso no quise matarte, pero tampoco podía dejarte impune, después de todo, en aquel entonces, el deseo de venganza me abrumaba.- -¿Como a mí ahora? -Supongo.- -Realmente no me interesan tus motivos. Hiciste lo que hiciste. Me convertiste en un monstruo. Pero no pienso descansar hasta que pueda matarme. -Algún día, tal vez, puedas hacerlo.- -No tengo duda de ello, así que hasta entonces mantente alejada de mí. -Al contrario, quiero estar cerca de ti, hasta que llegue ese momento, quiero que mi asesino, merezca serlo, y para eso, tengo que conocerte mejor.- -Ginebra no me interesa tu presencia. Eres molesta y caprichosa. Si tantas ganas tienes de que te mate, apártate. -Tendrás que aguantarte, porque no pienso dejarte en paz, de hecho, ahora que sé que te agrada tanto mi presencia, te la impondré aún más.-espetó desafiante.
Suspiré y negué con la cabeza, mientras continuaba andando e ignorándola. Continuaba siendo caprichosa. -Dime, ¿piensas estar callado durante todo el trayecto? ¿A dónde me llevas?-
Realmente no iba a ningún lugar en particular, sólo esperaba en principio que se me calmase la sed y que ella me dejase tranquilo. Paso tranquilo, decido y en silencio. Pero ella continuaba allí. Sin cansarse de mí en ningún momento, como una sombra. Ella tampoco volvió a hablar, parecía imitarme. La miré de reojo y vi en su rostro una sonrisilla irónica.
Estuvimos dando vueltas durante unas horas, hasta que llegamos a la zona de costa y me paré, mientras miraba hacia el mar. Ella se adelantó y bajó por unas escaleras corriendo, hacia la arena, luego vi como se agachaba al llegar a al altura del agua para tocarla. Me hice el cabello hacia atrás y me mantuve quieto por un momento, mientras miraba al horizonte. Ginebra permanecía allí, parecía haberse sentado, pero de pronto se cayó hacia atrás, parecía haberse acostado, pero la forma en la que lo hizo, daba a entender más bien que se había desvanecido. -Ginebra.-la llamé, malamente. Evidentemente podía huir, pero volvería a pegárseme al cuello.
No contestó, seguía allí tendida, sin moverse. Giré el rostro, farfullando. Pero me di cuenta de que alguien me miraba. Una pareja mayor. Me miraban como si hubiese hecho algo malo. -¿No piensas ayudarla?-preguntó el hombre, disgustado. -Yo no la conozco.-espeté. -¡Vamos a ayudarla!-Exclamó la señora, mirándome malamente.
¿Y si era una trampa de Ginebra? ¿Y si planeaba atacarlos? Gruñí y negué con la cabeza, indicando que ya me encargaba yo. Me acerqué lentamente a ella, le di un ligero golpecito con el pie y luego me agaché poco a poco. Ginebra abrió los ojos ligeramente, y me miró, luego sonrió. -Creo... que... t-e saldrás... con la tuya... Zero... me siento... débil... n-ecesito s-angre...- murmuró con dificultad. -Ah, bueno...-murmuré, colocándome erguido y giré la cabeza, sonriendo.
Ginebra intentó cogerme de la chaqueta, pero la mano le falló y cayó pesadamente sobre la arena. -Vete...- susurró. -¿Irme?-pregunté, continuaba sonriendo. -Maldito...- farfulló mientras se daba la vuelta, dándome la espalda y se retorcía y respiraba agitadamente. -¿Ves como me he sentido yo durante tanto tiempo por tu culpa, Ginebra? -Porque... eres un... estúpido,... po-drias haber be-bido toda la... sangre... que hu-bieras... querido-
Entrecerré los ojos y miré a mi alrededor, para luego encogerme de hombros. ¿Toda la sangre que hubiese querido?Yo no quería sangre, nada de sangre. Me llevé disimuladamente la mano a las marcas de mi cuello, mientras respondía: -Yo no quiero sangre. -Pero yo... si, y si... no pu-edes dár-mela, lárgate.-
Agaché lentamente la mirada y la fijé en sus ojos suplicantes, brillaban de una manera excepcional dada su gran sed de sangre. Sonreí y ladeé un poco la cabeza, mientras decía: -Sólo quiero verte morir, Ginebra. -Pues no creo... que... ten-gas que esperar mucho...- -¡Muchacho!-Oí a alguien gritar a lo lejos, me giré y vi a aquel humano. Corría hacia nosotros.- ¿¡A caso no piensas ayudarla?! -No se acerque, está bien sólo un poco mareada.-Respondí. -No, no estoy bien... acérquese... por... favor.- susurraba ella desde el suelo.
El hombre comenzó a acercarse con rapidez a ella, sabía cuales eran las intenciones de Ginebra así que me coloqué entre ambos y apunté al hombre con mi pistola. A él esa arma no podía herirle, pero ese hombre no podía saberlo así que se paró en seco y retrocedió. Noté como Ginebra se iba levantando poco a poco, preparada desde antes para recibir al hombre pero en ese momento se sujetó a mi espalda. -N... no hace falta ponerse así, joven...-murmuró aquel anciano. -Largo.-espeté.- AHORA.
Odiaba ser desagradable con los humanos, pero tenía que alejarlo lo más rápido que pudiese. Ginebra estaba sedienta. Clavó sus uñas en mi espalda y gruñí levemente, luego miré al hombre malamente y le volví a gritar. No hizo falta más. Se echó a correr, huía al fin.
Seguí al hombre con la mirada, hasta que le perdí de vista, y de repente sentí como Ginebra clavaba aún más sus uñas en mi, y esta vez se aferraba a mis hombros, levantándose. Me giré hacia ella, y cerré los ojos con fuerza, un dolor punzante en mi cuello me hizo estremecer de dolor. Me mordió. Por el impulso que tomó y mi debilidad presente por mi falta de sangre, caí hacia atrás en la arena, mientras ella succionaba sangre de mi cuello con avidez. Me retorcí un poco, la tomé por los hombros e intenté alejarla. Sólo fue un leve movimiento, no sirvió de nada. No podía moverme, estaba como paralizado a causa del vínculo que había entre ambos y que yo también estaba hambriento. -Gi...-gruñí.- Pa...ra...
Abrí con fuerza los ojos, no podía abrirlos más. Mi respiración se enrarecía, mi cuerpo se entumecía. Ginebra se separó de mi poco a poco, lamiendo el brote de sangre que aún recorría mi cuello. Luego se colocó sobre mí y me miró con una expresión satisfecha. Un hilo de mi sangre salía de su boca. -Definitivamente...-susurré, mi espiración continuaba siendo dificultosa y empecé a entrecerrar los ojos.-... te mataré... -Al final me ha servido de mucho que te hayas quedado a acompañarme en mis últimos momentos.- murmuró con ironía, relamiéndose. -Pierde...-musité, cada vez más bajo.-... te...
Me sonrió con picardía, mientras continuaba sobre mí. Quise moverme. No pude. El dolor en mi cuerpo se generalizó, hasta que no podía notar como ella me rozaba. Poco a poco mi punto de visión se fue reduciendo hasta que... Perdí el conocimiento.