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10.10.08

 

Había pasado algún tiempo desde el incidente en el Hot Melody, en el que intenté investigar sobre el tipo que nos había atacado. Sólo conocía su arma, una pistola anti-vampiros. Pero se no conocía más sobre él, en absoluto.
Acababa de terminar las clases de aquel día y me disponía a marcharme, mientras que por uno de los pasillos apareció alguien que no esperaba. Ceres. Sus ojos estaban clavados en mi, pero no se transformó. Comenzó a andar, poco a poco y yo también retomé el paso. Cada vez estábamos más cerca, y más, y más. Cuando llegó a mi lado, se detuvo por lo que yo también lo hice y la miré. Ella continuaba con sus ojos fijos en el frente.
-Me has decepcionado, Johann.-Dijo, en voz baja y tranquila.-Pensaba que lucharías en contra de los vampiros. Pero veo que has cambiado de opinión tan pronto.

Noté que se me secaba la garganta y su mirada se volvió más intensiva.
Luego giró su cabeza hasta mirarme y continuó seria. Noté que la herida en la que Elisabeth había provocado al clavarme los colmillos dolía aún más. De pronto, noté unos dedos fríos rozar esa zona. Era Ceres la que me tocaba.
-Sólo… me has decepcionado. Sigue siendo un perro de esa vampira, ya no queda otra cosa… eres… un esclavo de ella.

Apartó con delicadeza su mano de mi y continuó su camino. Observé como se marchaba y luego giré mi cabeza, hacia donde me dirigía. Decepcionada. Está decepcionada. Me llevé la mano derecha a la cara mientras continuaba andando. El dolor de la herida no hacía otra cosa que intensificarse, pero debía aguantar. Quizá eso sólo reflejaba mi dependencia de Elisabeth.
Al llegar a casa, aún era de día por lo que me tendí en el sofá dejándome caer. El dolor continuaba aumentando, cada vez más. Parecía estar pidiéndome que fuera a buscarla y, aunque aquello no podía compararse con la sed de los vampiros recién convertidos, dolía.
Finalmente me quedé dormido. Cuando desperté, tenía una sensación extraña y por alguna razón estaba de mal humor. El dolor de las heridas era leve. Por el enfado, acabé marchándome de aquel lugar. Perro. Me había llamado perro. ¡Ceres me había llamado perro! Y en aquel momento, mientras andaba, sí que me enfadé por sus palabras.
Continué andando, cuando oí un grito. Caminé mas de prisa y vi a una mujer, sobre un muchacho. Ella era vampira y él… creo que estaba apunto de serlo. El chico no paraba de gritar, histérico.
Sin embargo, la vampira reaccionó a mi presencia y me miró con los ojos brillantes por la lujuria y la diversión. Se separó del muchacho, inconsciente y se quedó delante de mi, sonriendo.
-Deberías quedarte junto a tu amo.-comentó.- Los seres como tú sois demasiado dependientes, unos pobres infelices.

Ella me siente ahora mismo más como “vampiro recién transformado” que como mutante. Esto va mal. Si sigue así, yo… Aún así, sonreí provocadoramente y espeté:
-Verás…. No puedo dejar que una furcia como tú le destroce la vida a ese chico.
-¿hum? ¿Quieres evitarle el sufrimiento que pasaste?
-Yo no sufrí.-contesté.- Pero sí, quiero evitarle sufrimiento. Una vida como un esclavo tuyo no merece la pena.
-Es divertido tener una mascota humana.

Reí y cuando ella iba a atacarme, mis cadenas ya la habían atravesado. Sonreí aún más y luego me giré, para marcharme. No soy ningún perro, Ceres. ¿Lo ves? No lo soy. Simplemente Elisabeth me mordió y tengo adicción de ella. Pero… no, no estoy a favor de los vampiros.
Pero a medida que iba caminando sin rumbo, no me di cuenta hacia donde me estaba dirigiendo realmente. Hacía mucho tiempo que no veía a Elisabeth, desde el incidente. Ella estaba ocupada y yo también. Pero de pronto, acabé frente la puerta de su casa. Entrecerré los ojos y me llevé la mano derecha al rostro, mientras giraba la cabeza.
Ceres tiene razón.

Retrocedí, para marcharme. Pero entonces la puerta comenzó a abrirse y levanté un poco la mirada.
-¿Johann?-Dijo Elisabeth mirandome sorprendida.
-hm...-musité, luego sonreí sólo un poco.- Eso parece.
-¿Que haces aquí? no te esperaba.
-Salí a dar un paseo y acabé sin darme cuenta aquí.-Respondí, luego desvié mi mirada.- Pero ya me iba.

Un asomo de culpa se reflejó en los ojos de la vampira.
-Bueno entonces.. te dejo que te marches.

Me giré sólo un poco, pero de pronto entrecerré los ojos y la volví a mirar. Le sonreí y pregunté:
-¿Estás bien?

Ella sonrió ampliamente.
-Claro.-mentía, claramente podia verlo.
-Elisabeth...-murmuré, con tono de reprimenda.

Ella agachó al cabeza.
-Solo estoy algo preocupada eso es todo. Buenas noches Johann.-dijo empezando a cerrar la puerta.
-¿Preocupada?-pregunté, de pronto estaba junto a la puerta y deteniéndola para que no la cerrase.
-No es asunto tuyo.-Ese día Elisabeth estaba muy esquiva.
-Que no es...-mascullé, clavé mis ojos en ella sin dejarla cerrar al puerta aún.- ¿Qué diablos te pasa?
-Tenemos que dejar de vernos Johann.-musitó ella sin mirarme.
-¿Por qué?-espeté.
-Porque sí.
-Pues yo no lo creo.-respondí, mi respiración cada vez estaba más y más agitada, aunque la estaba controlando. Tenía a Elisabeth muy cerca, sólo con mover un poco un brazo...
-Márchate, Johann. Vas a despertar a Alda.
-No puedo.-murmuré, sin darme cuenta de pronto acaricié su rostro mientras la miraba.

Ella se separó de mí y dio un par de pasos hacia atrás.
-Sí que puedes, eso de los esclavos es una estupidez, sólo te haces dependiente de mi si yo lo deseo y puesto que no es así eres libre.
-Eso da igual.-respondí, agachando la cabeza y mirándola de reojo.
-¿Como que da igual?
-ya lo soy.-respondí, quería acercarme a ella y... ... no, debía controlarme un poco.- Pero como sea, no me quiero Separar de ti.
-Imposible... yo nunca he ejercido mis poderes sobre tí.-Dijo firmemente volviendo a dar un paso hacia atrás.-Además tú odias a los vampiros.
-Da igual.-farfullé, acercándome. No podía controlar mis movimientos.

Ella retrocedió a medida que yo avanzaba, hasta que quedó justo contra una pared y yo delante. La miré fijamente, mientras mi respiración continuaba siendo frenética. Entrecerré los ojos, contemplándola.
-Márchate...-repitió.
-No quieres en realidad que me vaya...-musité, mientras extendía mi brazo derecho y acariciaba su rostro.
-Johann estas asustándome.. ¿Qué... qué te ocurre?-dijo ella clavando sus ojos en los míos.
-No lo sé.-respondí, luego ladeé un poco la cabeza mientras continuaba acariciándola.- Pero tenía muchas ganas de verte.
-No tienes ganas de verme, lo necesitas por el vínculo...-ella agachó la cabeza.-La única forma de que esto pase es que no nos veamos, poco a poco la necesidad de verme irá menguando hasta que desaparezca por completo.
-No es por el vínculo.-Gruñí, apoyando ligeramente mi frente en la suya, haciendo que levantase la cabeza de esa manera.- Sólo... quiero verte. No es difícil de entender.

Tomé una de sus manos con aquella que tenía libre y entrelacé mis dedos con los suyos. Muy ansioso. Estaba muy ansioso. No era capaz de controlar mi respiración, ni siquiera a mi mismo. Estaba perdiendo la cordura y ya no era "yo". Quizá el ser mordido por un vampiro para un mutante es muy diferente que para un humano.
-Basta Johann...
-¿De verdad quieres que pare?-musité, muy cerca de su oído.
-S...si...
-hmmm...-susurré, pero a pesar de sus palabras la besé mientras tomaba con fuerza su mano.

Ella al principió también me besó pero al final se apartó de mi.
-Johann tú no eres así... márchate por favor.
-No hagas que me vaya.-Dije, en voz baja mientras aún la tomaba de la mano.- Yo... te lo he dicho ya...
-¿El que?
-Que te amo.

Elisabeth se me quedó mirando y luego bajó la mirada.
-No es cierto.. un mutante no puede amar a una vampira.
-Claro que puede.-la tomé por la barbilla y la hice mirarme.- Te amo.
-No me rompas el corazón Johann...-una lágrima recorrió su mejilla.
-nunca podría hacer algo así.

La miré fijamente, observando cada uno de sus rasgos mientras con un dedo quitaba aquella lágrima. Elisabeth era... Elisabeth se había convertido en alguien muy importante para mi en muy poco tiempo, a pesar de todo. Y no por el vinculo precisamente, eso era secundario. Elisabeth era.... ¿para mi?
-Johann yo...-Elisabeth me miró y luego se acercó para besarme, pero se paró a escasos milímetros.
-Dime.-murmuré, con voz entrecortada. Estaba muy cerca y ansiaba terminar con la distancia que nos Separaba, pero me reprimí.
-Yo.. hacia mucho tiempo que no sentía esto por nadie... y la última vez que lo sentí salí muy mal parada...-dijo ella muy despacio.
-Eso no ocurrirá otra vez.-musité, mirando sus labios sin embargo luego alcé los ojos hasta mirarla a los suyos.
-¿lo.. prometes?
-Claro...-respondí, no pude aguantarme más y la besé, mientras la atraía hacia mi cuerpo.

Ella también me besó, muy despacio pero abrazándome con fuerza.
No quería Separarme de ella, definitivamente podía estar besándola durante horas sin apartarme. Pero Elisabeth, con la respiración bastante agitada me hizo Separar unos milímetros. Sus ojos brillaban especialmente aquella noche.
-Esto no esta bien...-murmuró mirándome.-¿Como puedes amarme con lo que te he echo?
-¿Lo que me has hecho?
-Morderte... dañarte... someter a uno de tus alumnos.-dijo mirándome.
-Eso ya da igual...

Ella me abrazó con fuerza hundiendo la cabeza en mi pecho. La rodeé con mis brazos mientras la miraba atentamente. Yo estaba extraño, lo sabía. Pero Elisabeth aún más. Nunca la había visto así, pero en cierta manera me agradaba tenerla de aquella manera entre mis brazos. Acaricié suavemente su cabello, mientras podía oler su aroma. Era imposible que lo llegase a confundir algún día. Porque ella era única.
-Elisabeth....-susurré.

Ella no dijo nada, se limitó a mirarme esperando a que siguiese hablando.
-Quiero que cuentes conmigo.-dije, tras un rato en silencio, mirándola.
-No puedes meterte en mis problemas Johann, hay cosas que tengo que solucionar yo sola.-dijo mirándome muy seria.
-lo sé pero...-suavemente, volví a besarla esta vez de una manera un poco más calmada.- ... yo sé cuando no estás bien y me gustaría ayudarte, aunque fuese sólo un poco. Porque me preocupas...
-Estaré bien, te lo prometo.-Ella me dio un muy leve beso en los labios.-Si me veo en serios apuros y necesito tu ayuda tenlo haré saber, de verdsad.
-... Si siento que estás mal, entonces...-mascullé, acaricié su rostro.- iré a donde estés. Si no quieres que me meta, no me meteré. Pero... ... ...

En ese momento sentí algo que no había sentido antes, agaché la cabeza mientras mi mano continuaba en su cara. ¿Hambre? ¿Yo tenía hambre? ... ¿"esa" hambre? Cerré fuertemente los ojos y mantuve una sonrisa en mi rostro, para que ella no se preocupase. La abracé, disimuladamente para que no pudiese ver mi cara.
Sin embargo y pese a mis esfuerzos ella me apartó y agarrándome de los hombros me miró el rostro con el ceño fruncido.
-¿Que te ocurre?

No pude hacer otra cosa que sonreír y luego dejé caer la cabeza, mientras el cabello me tapaba un poco el rostro. Hambre. Sangre. Comida. SU sangre. Retrocedí lentamente, mientras tenía los ojos casi cerrados. Ella me cogió para que no me apartara y cuando la miré vi que sonreía.
-Entiendo.. no te preocupes...-en ese momento se apartó el pelo dejando al descubierto su cuello.
-No...-me negué, aún sin verla del todo.
-Vamos.. si no lo haces será peor... muérdeme.
-No debo.-murmuré.
-Tienes que saciarte Johann.. si no entraras en un estado de ansiedad incontrolable y entonce spodrias hacerle daño a gente inocente.-dijo muy seria, luego ladeo la cabeza.-Vamos muérdeme.

Me noté temblar y de pronto pude ver con claridad su delicado cuello. No, no debo. Pero... ¡NO, NO DEBO!... Su sangre es para mi... es como... ... De pronto, ya estaba bebiendo y la sujetaba fuertemente hacia mi, mientras ella tenía los ojos entrecerrados. Cada vez bebía más y más, cada vez tenía más y más sed. No se muy bien cuanto tiempo paso, pero me Separé y ella estaba casi inmovil. Me arrepentí de haberla mordido, me arrepentí por completo.
-Elisabeth...-musité.
Sus piernas flaquearon y tuve que agarrarla para que no se cayera al suelo. Ella por su parte apoyó una mano en la pared y me miró, estaba pálida, pero sonreía.
-Estoy bien tranquilo.
-No vuelvas a ofrecerte.-mascullé, mientras la sujetaba. La tomé en brazos y decidí llevarla a su habitación, para que descanse. Así pues, comencé a andar.

Ella me miró y con un dedo de su mano me limpió un hilillo de su sangre que resbalaba por la comisura de mis labios y se lo llevo a la boca, luego puso cara de asco.
-Ecs que mal sabor tiene mi sangre.
-Realmente está deliciosa.-comenté sin darme cuenta, mirando a otro lado mientras la llevaba.

Elisabeth rió, no podía creer que aquello le pareciese divertido.
-Supongo que depende de quien la pruebe.

Cuando llegamos a su cuarto, la recosté sobre la cama. Antes de erguirme, la miré levemente por unos segundos, luego me puse recto mientras la observaba y decía:
-debes descansar.

Ella me cogió de la muñeca y tiró de mi hasta hacerme quedar sentado en la cama.
-Quédate un rato conmigo Johann
-Claro.-asentí, me di cuenta entonces de que ya estaba "más tranquilo".

Elisabet me abrazó con fuerza y me besó.
-Te amo.-murmuró en mi oido.

Permanecí quieto, aferrándola a mi. Deseaba oirla decir esas palabras, realmente lo deseaba. No sé muy bien cuanto tiempo la estreché entre mis brazos, pero cuando la solté me di cuenta de que se había quedado dormida. Sonreí y aparté un mechón de pelo de su rostro, luego permanecí quieto, sentado a su lado.

Out: Thanks Eli xD



Johann maldijo la ciudad a las 12:52 a. m.