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8.9.07

 

La mañana estuvo demasiado tranquila, al igual que aquella noche... la noche en que casi, acabo con una vampira que parecía bastante peligrosa... aquella que hubiera hecho mía antes de quitarle la vida... Ginebra.
El día transcurrió como cualquier otro día normal, pero... a medianoche, recibí su visita. William. Uno de los vampiros más influyentes de la ciudad. Uno de los más temidos y respetados en su raza...
Nunca le había visto tan de cerca... tan sólo su aspecto imponía.
-¿A que debo... tu agradable visita?-
Se encontraba en mi ventana, aún con el rostro tapado por la oscuridad de la noche, pero al escucharme hablar, entró a la habitación, y cerró los ojos, la luz de mi habitación le molestaba.
-He venido... a avisarte.-
Enarqué una ceja, e hice una mueca que él no pude ver, ya que para cuando él abrió los ojos, mi semblante había cambiado al de una expresión impasible.
-¿Avisarme? ¿Tú?-
-Hablas con demasiada seguridad, demasiada altivez... me desagrada tu presencia... Sieth.-
-Y a mi la tuya, William, pero creo que no has venido a hablar de mí, ni de cómo te caigo.-
William sacudió la cabeza, y sonrió falsamente, dejando ver sus afilados y largos colmillos. Si, me estaba amenazando...
-Creo que bastante hago con aguantar tu presencia y la de los tuyos... así que no te metas en terreno ajeno... no vuelvas a tocarla.-
-¿A... tocarla?- me pregunté en voz alta, sin entender nada.
De repente, William comenzó a reírse a carcajadas, sin motivo aparente, parecía estar desquiciado.
-Sabes perfectamente a lo que me refiero. Y no te tomes esto como una advertencia... sino como una amenaza.- y diciendo esto, salto hacia fuera de la ventana, y desapareció.
-Tsk... malditos vampiros...- gruñí.
La próxima vez no tendrá lugar tanta palabrería... William.

Salí de mi apartamento hacia el Hot Wilson, no sabía bien por qué volvía allí, pero quería volver a...
-Jasper...- susurré mirando hacia el interior de una pizzería.
Allí, sentado en una mesa, estaba él, mi viejo amigo, y justo a su lado, mi querido amigo Johann. Sonreí al verles, hacía muchísimo tiempo que no les veía, y eran dos grandes compañeros.
Al final decidí acompañarles, y pasamos una velada bastante interesante, pero yo tenía cosas que hacer, asuntos que concluir. Me despedí de ellos, y me dirigí nuevamente hacia aquel bar donde la había conocido.
Para llegar hasta allí, tenía que pasar por un callejón que me resultaba bastante familiar... pasé por allí miré hacia el final. Extrañamente esperaba no encontrarme con nadie, pero me equivoqué. Allí, contra la pared, había un muchacho moribundo, y frente a él, una chica de cabellos violetas... aquel color no era muy común entre las chicas... y allí, en el callejón, con un chico moribundo... no podía ser otra más que ella.
Me adentré en el callejón lo más silencioso que pude, e inmovilicé a la chica por detrás, dejando escapar al muchacho que apenas podía correr.
-Joder...- escuché farfullar por parte de la chica.
La solté entonces, y la empujé, dejándola contra la pared.
-Ahora tú eres la víctima.- murmuré mirándola divertido.
-Tú... otra vez... maldito...- susurró fijando también sus ojos en mi.
-Volvemos a vernos querida Ginebra, es un placer para mi.-
-Esta vez no te saldrás con la tuya Sieth, acabaré contigo en un abrir y cerrar de ojos...- aseguró.
-Vamos, ¿no te das cuenta en qué condiciones te encuentras? Así no puedes hacer nada, terminarías como la última vez.-
-Eso jamás....- gruñó, molesta, intentando zafarse de mi.
Consiguió soltarse y en un intento de golpearme, me hirió, haciéndome un leve corte en la cara.
-Maldita...zorra.- dije pegándola aún más a la pared si es que eso era posible, y acercándome aún más a ella.
Entonces aprovechó para pasar su asquerosa y húmeda lengua por mi mejilla, y limpiar la sangre que brotaba de la herida.
Yo sonreí, y pegué mi frente a la suya.
-Me encanta tenerte así... acorralada, sin salida.- dije regodeándome.
Extrañamente ella también sonrió, mordiéndose el labio inferior. Luego giró la cabeza, tapándose el rostro con el cabello, y se estremeció.
-Eres... mío.- dijo, y de repente, se abalanzó hacia mi cuello, y me mordió.
Pude sentir cómo sus colmillos atravesaban mi piel, y cómo la sangre abandonaba mi cuello cuando ella succionaba. Cerré los ojos por un momento, creí perder fuerzas, y la solté, dejándola libre.
Ella aprovechó la oportunidad para intentar escapar, con la intención de dejarme antes inconsciente, y se aferró a mi cuello, succionando esta vez con mayor intensidad y rapidez.
No podía permitirlo. La aparté de mi como pude, y la miré con odio. Ella se relamía, aún tenía sangre en los labios.
-Deliciosa...- musitó sonriente.
-No mereces vivir...- farfullé con dificultad. Notaba como iba perdiendo fuerzas, y caí al suelo, inconsciente. Ella... lo había conseguido.


Desperté sobre un sillón, bastante cómodo, de color violeta, como sus cabellos o sus ojos... me incorporé silenciosamente, y escuché su risa. Me encontraba en una sala amplia, pero a la vez acogedora. A unos metros de mí la vi a ella, leyendo un libro, parecía entretenida, y no paraba de reír. Parecía tan... natural... tan... inocente, pero la verdad es que era cruel y déspota, engreída y orgullosa.
Puse los pies en el suelo, y me levanté con dificultad, con un fuerte dolor en el cuello, donde ella me había mordido. Entonces llamé su atención, se levantó despacio, y fue hasta mi, y me ayudó a volver a sentarme.
-¿Pero qué coño...?- me quejé, mientras la miraba.
-Sólo quiero que te recuperes y te largues de mi casa, no me gustan los mutantes, prefiero a los humanos.- aclaró, luego se sentó a mi lado, parecía pensativa.
-No entiendo nada... yo intento matarte, y tú me traes a tu casa para que me recupere... ¿acaso es una trampa?-
-Puedes verlo así, simplemente no podía dejarte allí, te había mordido, y sabías perfectamente quién, no podía dejar que me delataras.- explicó desviando la mirada hacia mi cuello.
-Ni se te ocurra...- dije colocando una mano sobre la herida.
-Los vampiros no solemos morder dos veces en el mismo lugar... si quisiera volver a morderte, lo haría justo aquí.- y diciendo esto, besó el otro lado de mi cuello.
Yo la aparté bruscamente, como un acto reflejo, y ella cayó al suelo, dejando a la vista más de lo que podía o quería enseñar. Vestía tan sólo un camisón morado, aunque parecía un vestido, bastante sencillo.
Ginebra no se inmutó, se quedó en la misma posición, mirándome, su mirada estaba llena de... ¿odio?
-Lárgate de mi casa.- espetó.
Me abalancé sobre ella, y quedamos cara a cara, yo me sostenía con las manos en el suelo, evitando que mi peso cayera sobre ella.
Ella giró la cara, y se intentó tapar, pero yo me adelanté y le quité completamente el vestido, dejando ver su ropa interior.
-Serás...- gruñó empujándome hacia atrás, alargando la mano para coger su vestido.
Dejé que lo cogiera, y volví a empujarla, esta vez contra el sillón en el que me había despertado, y me coloqué sobre ella, apenas dejando que se pudiera mover.
-No te resistas... esta será tu tumba.- farfullé.
No sabía bien en qué estado me encontraba, mi respiración estaba agitada, y mi corazón latía con mucha rapidez. Sentía rabia, odio, deseo, pasión... Ginebra era capaz de hacerme sentir confuso, excitado, y cabreado al mismo tiempo.
-Lo siento mucho Ginebra... pero esta vez... serás mía.-

*OUT* Otro post de Sieth! gracias a mi querida Ginebra por rolear! *OUT*



Anónimo maldijo la ciudad a las 9:34 p. m.