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10.8.07

 

La noche es el mejor momento del día para ellos... y para mi...

Salí a las 12:35, la hora perfecta para encontrarlos por la calle. Me dirigí al bar "Hot Wilson" donde acudían los fines de semana las chicas guapas a conseguir algún ligue y donde, por supuesto, no podían faltar los chicos rompecorazones, porque... donde hay víctima... hay verdugo.
Entré y me senté en un taburete, junto a la barra. La camarera me miró y se dirigió a mi contoneando sus caderas. Yo observé encantado el panorama.
-¿Qué deseas tomar?- preguntó apoyándose en la barra, dejándome entre ver sus apetecibles senos.
-¿Hay en la carta alguna bebida que al saborearla, resulte tan dulce como tú?-
La chica rió, y me sirvió un baileys con hielo.
-Gracias.- dije guiñándole un ojo.
Todos los clientes centraron la vista en alguien que entraba, incluída la camarera que, desde que entré, no me había quitado la vista de encima. Curioso, miré también. Era una chica, pero no una chica cualquiera, ésta era bellísima. Sus cabellos violetas, y su mirada del mismo color, quedaban muy bien con el traje rojo que llevaba.
Muchos clientes la saludaron al entrar, parecía conocida allí, pero yo nunca la había visto.
La chica se sentó a mi lado, pero no me miró en ningún momento, se hacía la interesante.
-Hola.- me atreví a decir.
La chica giró la cabeza despacio, mirándome fijamente, sonriente.
-Hola.- contestó.
-Encantado, soy Sieth Elfman.- dije tendiéndole la mano.
-Es un placer Sieth, soy Ginebra.-
La camarera la miró fulminante, y ella sólo le dedicó una amplia sonrisa. Ginebra era extraña, tanta belleza, tanta amabilidad, no podía ser perfecta.
Quise conocerla más a fondo, y comencé a hablar con ella. Mientras hablábamos, muchos otros chicos me miraban, recelosos, y algunas chicas, igual de molestas. La camarera, en especial, Susan, la miraba fijamente, controlando cada uno de sus movimientos. Ginebra permanecía impasible.
-La tienes loca.- musitó mientras reía.
Luego cogió mi copa, y bebió un sorbo, cerró los ojos, y saboreó lentamente.
-Mmmm, está bueno. Déjame otro.- pidió, dedicándole entonces la primera mirada de la noche a Susan. Ésta, más cabreada que nunca, entró en la cocina y salió con el baileys.
-Bébetelo.- dijo Ginebra, desconfiada.
Susan no parecía entenderle y se lo colocó delante.
-He dicho que te lo bebas.- repitió con suavidad.
-Lo siento, pero no puedo beber en el trabajo, no me está permitido.-
-Bien, no creo que a tu jefe le guste que no atiendas bien a los clientes, así que sino quieres que me queje a él, pruébalo al menos.-
Miré a Ginebra, y ésta parecía divertida, luego miré de reojo a Susan, la había metido en un aprieto.
Susan cogió la copa y bebió un sorbo, luego corrió a la cocina.
-Eres inteligente.- murmuré.
-Lo sé.- afirmó muy segura.
Luego rió. La camarera salió al rato, con el rostro pálido. No volvió a dirigirse a nosotros en toda la noche, pero antes de irme, le hice conocer mis disculpas, ante todo, soy un mutante educado, y caballeroso, aunque muchas digan lo contrario.
Las 5.24, miré mi reloj, un poco mareado, había bebido demasiado. Comí un poco antes de irme, y salí acompañado de Ginebra, que también había estado un poco ebria, aunque mucho menos que yo.
-¿Te acompaño a tu casa?- pregunté interesado.
-Está bien.- asintió ella.
Caminamos durante un par de minutos, y casi sin darme cuenta, nos encontrábamos en una calle sin salida.
-Perfecto.- musité.
Era vampira, y me había llevado hasta allí como a cualquier otra presa para cenar... o mejor dicho, desayunar, dadas las horas que eran.
-¿Lo ves igual de perfecto que yo?- dijo insinuante.
-Maldita zorra...- gruñí.
Ginebra fue acercándose cada vez más a mi, dispuesta a lanzarse a mi cuello.
Retrocedí unos pasos, hasta que quedé contra la pared, entonces ella aprovechó la oportunidad, y se pegó a mi completamente.
-Déjame saborear tu piel...- susurró en mi oído.
La aparté de mi con un empujón, y saqué de mi camisa una daga.
-¿Crees que con eso podrás matarme?- ironizó.
-¿Quieres probar?- contesté ante su burla.
-Si me dejas antes probar tu corriente vital...-
-Qué fina... no sabía que las vampiras tenían tan amplio vocabulario.-
-Vamos Sieth, no seas malo... sólo un poquito.- murmuró con tono suplicante.
-Antes muerto.-
-Estamos de acuerdo entonces, déjame matarte, y luego déjame chuparte...- comentó mientras se relamía.
-Eres... asquerosa...-
Ella volvió a acercarse a mi, pero volví a bloquearla, haciéndole una pequeña herida en una brazo.
-Maldito...- farfulló mientras lamía la sangre que caía de la herida.
Tenía que matarla, no podía dejarla vivir, por muy hermosa que fuera o por mucho que la deseara, era una vampira, un ser repulsivo, sin compasión de nadie.
Parecía bastante cabreada, se abalanzó sobre mí, y consiguió aruñarme la cara, pero la inmovilicé agarrándole las dos manos, y colocándola bruscamente contra la pared.
Permanecimos varios minutos mirándonos, en silencio.
-Eres un maldito y estúpido mutante... como los odio...- se quejó sin dejar de mirarme.
No pude evitarlo, pero en un impulso quise callarla y la besé, ella se movió intento zafarse pero yo la aferré más a la pared. Me separé, no sabía qué coño estaba pasándome. Cuando la miré, estaba con los ojos cerrados, ya no estaba evitando que la besara, y parecía querer más. Sus ojos me hipnotizaban, pero a la vez, sentía repulsión hacia ella, o más bien, hacia su raza.
-Eres demasiado fácil...- comenté sonriente.
-Hijo de ...-
Volví a besarla, aún estando ella contra la pared, y completamente inmovilizada, no podía fiarme de ella.
Este beso fue más duradero, ella me mordió el labio inferior y consiguió hacerme sangre, luego la lamió.
-¡¡No vuelvas a hacer eso!!- grité furioso.
-No vuelvas tú, a besarme.-
La solté entonces, sabía que no podía hacerme nada, que cualquier movimiento sería en vano.
Ginebra se quedó inmóvil, en el mismo lugar que la dejé. Yo me volteé y caminé hacia la salida de la calle, donde ya podía verse algo de luz. Sentí pasos detrás, y me mantuve alerta. Pero de pronto dejé de escucharlos, me giré rápidamente y... había desaparecido. Miré hacia arriba y la vi cayendo, sólo me dio tiempo de evitar que cayera sobre mi. Me golpeó con fuerza en la espalda, me giré y la agarré con fuerza, luego la amenacé con la daga y la obligué a acompañarme.
Por alguna razón, aún no podía matarla, algo me lo impedía. La llevé hasta mi apartamento, soportando todo tipo de burlas e insultos por el camino.
La solté en la cama y me coloqué sobre ella, acorralándola, y evitando cualquier movimiento suyo.
-Ahora... eres mía.- susurré mirándola.
Ella comenzó a reírse, e intentó moverse, pero sólo consiguió que me pegara más a ella.
-Eres un cerdo.- espetó mirándome también.
Alargué la mano hasta mi mesa de noche, y saqué de allí una cuerda fina, suficiente para mantenerla amarrada unos minutos. La amarré de pies y manos a la cama, y observé como, inútilmente intentaba soltarse.
-Mátame de una vez, ¡capullo! Eres un cobarde.- masculló.
-Ya te he dado tu oportunidad de matarme, y no la has aprovechado, ahora, me toca a mi divertirme contigo.- comenté.
Me dirigí entonces a ella, y me coloqué encima nuevamente. La miré a los ojos fijamente, me encantaba su mirada, llena de ira y a la vez deseo, sabía que en parte, aquella situación le gustaba. Comencé a recorrer sus piernas con mi mano derecha, y noté como cerraba los ojos... estaba sintiendo placer. Luego le besé suavemente en los labios, mientras tocaba sus senos con ambas manos.
-Ginebra, no sabes cómo me tienes...- susurré mientras bajaba con mi cabeza hacia sus pechos.
-¡Déjame!- chilló de manera insegura.
Hice caso omiso a su petición, y rasgué su vestido a la altura de sus senos, le quité el sujetador, y miré sus pechos ahora desnudos. Mi boca se dirigió hacia ellos, y comencé a chuparlos. Escuché entonces un leve gemido.
-Te gusta... vampirita...- reí.
Ginebra volvió a intentar zafarse de las cuerdas, esta vez con éxito. Me empujó y la agarré por un brazo. Ella se tapó los pechos, y se volteó desafiante, mostrándome por primera vez, sus hermosos y afilados colmillos.
La halé hacia mí y metí mi lengua en su boca. Tocándole los pechos de manera más salvaje que antes. Volvió a huir. Se separó de mi con esfuerzo, y salió corriendo de mi apartamento.
Reí de verla, y a la vez me maldije por no haberla matado.
-La próxima vez, querida Ginebra... no te librarás.-


*OUT* Ya revisare el post cuando vuelva, ahora tengo que irme, hasta el domingo!! ^^U espero que les guste el primero post de Sieth! Gracias por ayudarme Ginebra xDD *OUT*



Anónimo maldijo la ciudad a las 6:16 p. m.