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22.8.07

 

Había avisado a Alda para que diese aquel mensaje, en realidad no comprendía porqué me tomaba tantas molestias por matar a una estúpida e idiota vampiro. Pero en fin, las cosas habían sido demasiado fáciles últimamente. Quizá lo único que yo deseaba era... diversión. Esperé un día, para luego ir a casa de aquellas dos vampiras. No tenía nada en contra de Alda, al contrario, por lo que si me la encontraba, a no ser que me molestase, no acabaría muerta. Entré en aquella casa sin problemas y vi a alguien dormir en el sillón, me acerqué y vi que se trataba de Alda. Luego registré el piso, no estaba aquella a la que yo esperaba así que me senté en una sila, esperando.
Desde donde estaba, podía ver a la vampira. Dormitaba tranquilamente, sin inmutarse.
Esperé unos diez minutos cuando oí el ruido que hacen unas llaves al abrir un cerrojo, ella había llegado. Entró distraídamente y de espaldas a nosotros dijo:
-Alda espero que hayas cenado porque yo hoy si que...-se giró y al percatarse de mi presencia dejó de hablar.
-Jeh...-Me reí al ver su reacción, quedándome sentado aún.
-¿Alda estas bien?-dijo ignorándome y mirando a la otra vampira.

Alda abrió los ojos lentamente.
-Lo estoy-dijo con tranquilidad, luego me miró-.Buenas noches, Johann.
-Buenas noches.-Dije con tranquilidad, aún sonriendo y sentado.-
-¿Que haces aquí?-espetó Elisabeth.
-Te han dado mi mensaje, ¿cierto?-pregunté.
-Así es, pero no creo que este sea el lugar más adecuado, no me voy a arriesgar a que hieras a Alda.
-Oh, si él hubiera querido dañarme creo que lo habría intentado al verme dormir, antes de inspeccionar las habitaciones...-la otra vampira se estiró y fue incorporándose hasta quedar sentada.

Elisabeth miró a Alda de reojo y murmuró algo mientras negaba con la cabeza, luego me miró fijamente.
-¿Quieres pelea no? Atácame pues. ¿O es que has venido porque al probarme te quedaste con ganas de mas?
-¿Probar qué?-pregunté, divertido.- Eres una vampirita caprichosa que se cree que es mejor de lo que realmente es...

Me levanté, coloqué la silla en su lugar tranquilamente y luego le miré:
-Pero en realidad eres bastante desagradable a la vista.
-¡Qué maleducado!-exclamó Alda por lo bajo.
-No he pedido tu opinión, los mutantes sois un error genético, así que no se quien te crees que eres para hablar.-dijo ella.
-Eso tampoco ha estado bien...-musitó la otra vampira.
-Y los vampiros que sois... ¿Un regalo gracioso de Dios?-Me eché a reir y la miré fijamente.- Creo que no.

Sin que se diese cuenta, mis cadenas habían ido viajando por las sombras de la habitación y una la atacó por detrás. Desgraciadamente, de alguna manera se dio cuenta, por lo que la esquivó aunque fui capaz de rozar sus ropas. Sonreí mientras la seguía con la mirada.
Alda se levantó del sillón, miró mi cadena con precaución y luego a mí, mientras se arreglaba el camisón.
-Johann...-parecía una petición.

Ella negó con la cabeza, con una sonrisa burlona.
-Siempre atacando por la espalda ¿eh Johann?
-Es lo que tiene atacar a gente como tú.-Comenté encogiéndome de hombros.- Alda, intentaré no romper nada... excepto a tu amiga.
-No tiene...ninguna gracia. Lo siento-me respondió, agachando la cabeza.
-Alda... -me harías un enorme favor si te fueras para adentro.-le dijo Elisabeth a su amiga.-Por favor...

Alda jugueteó con su pelo unos instantes, pensativa. Luego negó con la cabeza.
-No sabes como me gustaría...pero me temo que esta vez...puede que necesites mi ayuda.
-Realmente aunque peque de sobervia lo dudo, pero aunque así fuera, prefiero que me hiera de grabedad, antes de que te toque un pelo Alda, márchate.-Dijo Elisabeth con determinación.
-Que bonito...-lloriqueé.
-Cállate.-espetó la vampira.-Esto no va contigo engendro.
-¡Hieres mis sentimientos!-Exclamé, luego me crucé de brazos.- Eres cruel.

La vampira de pelo oscuro agitó la cabeza y suspiró.
-Vosotros dos...-luego se retiró unos pasos, dejándonos espacio.
-¿¿Quieres marcharte de una puñetera vez Alda?-espetó Elisabeth.
-No seas tan dura.-Comenté mientras me encogía de hombros.

Alda la miró dolida, y se marchó sin decir nada. Aunque no la escuché salir de la habitación, simplemente...pareció como si sumergiera en la oscuridad del pasillo.
-¿Ves?-Pregunté.- Ahora por tu culpa se ha enfadado.
-Cállate.-espeto la vampira.-Si le dije eso fue para que no la dañes
-Para tu información, listilla, no pensaba hacerle daño.
-No me fio de ti.
-Ni yo de ti, pero ¿Por qué crees que cuando llegué no la ataqué y simplemente me quedé esperándote?
-¿Has venido a darme la tabarra? Rayas más que una tiza.
-Y tú eres una hortera a la hora de hablar y vestir.-Sonreí ampliamente.

En poco tiempo me lancé sobre ella mientras la atacaba, consiguió esquivarme por un momento pero luego una de mis cadenas rodeó su cuello. Abrió los ojos, incrédula. Yo la miré de reojo mientras sonreía.
-Hijo de puta...-espetó ella forcejeando.
-Hm... deberían lavarte esa boca con jabón.-Comencé a apretar su cuello con la cadena, lo cual provocó que intentase ahora liberarse aún más rápido.

De repente un cuchillo voló junto a mi cara y me hizo un leve corte en el pomulo, miré a Elisabeth que sonreía.
-Casi...-dijo.
-Parece que aún puedes obtener demasiado oxigeno. Eso se puede arreglar.

Mis cadenas apretaron aún más, ahora sí que no podía respirar en absoluto. Poco después cayó al suelo de rodillas, me reí aunque la verdad es que esperaba un poco más de ella. La hice volar por los aires, chocó contra una pared y aún continuaba siendo ahogada por mi.
-Esto es demasiado fácil.-protesté

De pronto sentí un fuerte golpe en el estómago. Atravesé una de las ventanas, yendo a caer en una especie de jardín. Arrastré a Elisabeth conmigo al caer, pero una vez tocamos el suelo, mis cadenas se aflojaron.
Alda se sentó en el alféizar de la ventana y me contempló.
-Mis disculpas.
Elisabeth aprovechó para soltarse y se colocó delante de Alda.
-Gracias.-le dijo sin mirarla.
-Quizás eres tú la que debería retirarse-susurró la otra dulcemente, mientras se colocaba el pelo tras las orejas.

Elisabeth miró a Alda de reojo.
-Hablas como si no me conocieras Alda.

La otra no contestó. Sonrió apenas.
Estaba sentado allí mientras las miraba, curioso. Poco a poco me puse en pie, sacudí el polvo de mis ropas y las volví a mirar, fijamente.
-Ha faltado poco.-Dije, luego me crucé de brazos mientras mis cadenas se alzaban.

Elisabeth se me tiró encima con una rapidez asombrosa y comenzó a golpearme, tenía bastante fuerza pese a que no lo aparentaba, conseguí empujarla para soltarme de ella pero rápidamente volvió a atacarme, me arañó la cara con sus uñas largas.
Estaba recostado en aquel maldito suelo mientras me atacaba, la miraba fijamente mientras no hacía ningún movimiento sin embargo cuando alzó sus manos para quizá, un golpe letal, éstas fueron atadas por las cadenas y me mantuve mirándola mientras continuaba con una sonrisa en mi rostro. La sangre salía de mi herida y la notaba fluir hasta el suelo.
-Vaya, parece que te lo has tomado en serio.-Comenté, la golpeé con fuerza y acabó contra la pared, aún siendo sujetada por mis cadenas.- Pero no tengo costumbre de dejar que me ataquen de esa manera, lo siento.
-Si me lo hubiese tomado en serio estarias muerto.-Aunque estaba astada volvió a correr hacia mí y me dió una patada en la cara.
Alda suspiró. Seguía en el alféizar, casi columpiándose.
-Johann...¿por qué no te marchas? ¿qué te hemos hecho?

Giré de tal manera que evité que el golpe fuese grave y le devolví el golpe, acabamos cada uno en lados contrarios y la solté.
-Tú, aparte de darme un golpe en el estómago, no me has hecho nada. En realidad, como ya te dije, no pensaba atacarte. Sin embargo ella.... Ella ha destruido un alma joven. Un muchacho que podía haber llegado lejos ahora es simplemente su... esclavo. Lo siento, pero es algo que no puedo permitir.-Respondí mientras continuaba mirando a mi oponente.
-¿No lo entiendes? Sí que me estás atacando-me respondió Alda, negando con la cabeza.
-Prácticamente me rogó que le convirtiera, llevaba meses viniendo a verme cantar, aun así, no tengo porque darle explicaciones a un mutante.-dijo Elisabeth.
-¡¡¡No te rogó nada!!!-Grité.- ¡Juegas con las vidas humanas a tu antojo, cambias la vida de los demás por puro aburrimiento! ¡¡Si quieres divertirte... BUSCA OTRA COSA!!

La otra vampiresa dejó de columpiarse y se encogió tapándose los oídos.
Elisabeth se abalanzó sobre mí y me lamió el cuello.
-Ya la he encontrado..-dijo dándome un leve mordisco, luego se levantó y se apartó.-Tienes suerte, hoy ya he cenado y la sangre mutante sabe asquerosa.

La cogí por el cuello, mientras la arrastraba contra la pared. Estábamos muy próximos a Alda.
-Es asqueroso...-susurré.- ... que alguien como tú crea que es el centro del mundo. Eres simplemente una estúpida vieja con mente de niñata que piensa que todo lo que hay en este planeta, es suyo. Para la gente como tú todo esto se va a acabar. Pronto, muy pronto. Y sobre tu nuevo vasallo... Lo siento, ha muerto. Decidió que ser un sirviente no era lo que deseaba.
-Ya se lo que te pasa...-dijo ella sonriendo con descaro.-Tienes celos.. porque los vampiros somos una raza superior.
-¿Superior en años quizá?-Pregunté, luego reí y apreté mas su cuello. Notaba como poco a poco dejaba de respirar.- Porque en lo demás... sois unos pobres idiotas que sin los humanos no sois nada... Dependéis siempre de que un humano sea tan estúpido como para dejaros beber su sangre. Nada más. Sin embargo, yo no dependo de otros.

Cuando estaba apunto de ahogarla, ella me dio una patada en la entrepierna.
-Que te jodan, lárgate de mi casa y no vuelvas a acercarte a Alda.

Me encogí mientras me apartaba de ella, sin embargo los extremos de mis cadenas se clavaron en su cuerpo, dejándola contra la pared.
-Truco estúpido de un ser estúpido...-mascullé.

Elisabeth se estremeció de dolor y un hilo de sangre salió de su boca.
Alda bajó del alféizar y echó a caminar hasta situarse frente a mí. Me miró con tristeza. Luego su expresión cambio. Me mostró sus colmillos y emitió un siseo amenazador.
-¿Eso es que por fin vas a atacar?-Pregunté, mientras sacaba mis cadenas de la piel de su compañera y la miraba fijamente.
-Me dolería mucho tener que hacerlo-respondió.

Elisabeth cayó de rodillas al suelo.
-Alda, aléjate de él.-dijo apenas sin voz.
-Ajá.-Asentí mientras la miraba fijamente.- Realmente no tengo nada en tu contra.
-Tú...-se mantuvo en silencio unos instantes-.Eres realmente fuerte. Te temo.
Y luego, sonrió amablemente.
-¿Ahora podrías marcharte?

Elisabeth se había levantado y ahora se colocó delante de Alda.
-Deberías irte a descansar, Elisabeth...-dijo la otra, pacientemente.
-No.-dijo Elisabeth mirándome.

Elisabeth seguía sangrando y finalmente perdió las fuerzas y cayó al suelo, pero aun consciente.
La otra dio un paso, quedando así delante de su amiga, y aún más cerca de mí.
Apreté el puño y me preparé para atacar, fruncí el ceño y cuando mis cadenas iba a atravesar a Alda me detuve. Sonreí ligeramente y luego retrocedí.
-Está bien, está bien.-Comenté.- Basta por hoy.
-Sin esas cadenas no eres nada Johann. estupido mutante de mierda.-espetó Elisabeth que al parecer había adivinado mis intenciones.
-Si te soy sincero, se me da mejor la espada que controlar las cadenas.-Comenté, luego empecé a irme.- Sin embargo, con alguien como tú no me vale la pena utilizarla.

Elisabeth sonrió.
-Déjalo, Elisabeth-dijo Alda, pero en voz bastante alta-.Johann es juez y verdugo. Elimina lo que le parece incorrecto. Quizás así, encuentra un poco de paz.
Escuché como la ayudaba a levantarse.

Out: Gracias a Elisabeth y Alda por su ayuda ^^



Johann maldijo la ciudad a las 12:24 a. m.