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21.8.07

 

El sol ya dañaba mis ojos, mi piel... era demasiado temprano, pero tarde para mi. Regresé a casa y me tumbé en la cama, pero mis pensamientos aún estaban muy lejos de allí. Debía andarme con cuidado, la ciudad estaba plagada de mutantes con ansias de vengarse de los vampiros, y no eran presas fáciles.

Me dormí hasta el atardecer, hasta esa hora en la que el sol comienza a esconderse, y sus rayos son más débiles. Me duché y recordé sus caricias... sus besos... aquel maldito Sieth me había hecho sentir mucho más placer que cualquier humano que ahora me servía.
-Sería mi mejor esclavo...- susurré sonriente.
Me gustaba, me gustaba mucho, y él lo sabía, por eso me provocaba y jugaba conmigo, pero no volverá a ocurrirme, no volveré a fallar.
Salí de mi apartamento en dirección a la universidad, allí solía encontrarme con compañeros de trabajo, o mejor dicho, de cama. Las luces de la ciudad ya la iluminaban por completo, y ya salían esas luces... esas luces que miraba cuando era una niña...
Un ruido seco me hizo volver a la realidad. Aún no había llegado al lugar de encuentro, pero sentía una sensación extraña y decidí tomar otro camino. Terminé frente a una tienda, era una tienda poco común, en sus escaparates podía ver cosas interesantes, objetos y otras cosas antiguas... de repente, escuché una campana bastante molesta, alguien salía de aquella tienda....
Era una chica un poco lánguida y con una cabellera larga y negra. Miró a una de las luces con un poco de disgusto, y cerró los ojos como deslumbrada.
No pude evitar reírme con disimulo, parecía bastante... graciosa.
-Hola.- saludé.
-Buenas noches, señorita-me dijo con una leve sonrisa, aún tapándose un lado de la cara para protegerse de la luz artificial.
-¿Es usted la dueña de esta tienda?- pregunté mostrando cierto interés.
-Así es, desgraciadamente acabo de...cerrar-se encogió de hombros-¿Había algo de su interés?
Negué con la cabeza y sonreí.
-No se preocupe, apenas acabo de verla, ya me pasaré otro día entonces.- musité.
¿Podría ser... una de los nuestros? Su aspecto era normal... parecía humana, pero debía andarme con cuidado, después de lo de Sieth, quién sabe... las calles de Matanpire son muy grandes y amplias...
-Abierto a partir del atardecer-dijo con una sonrisa.
Le devolví la sonrisa, esta vez mostrando mis colmillos, con total naturalidad.
-Encantada.- agregué.
La chica abrió mucho los ojos. Luego se echó a reír, y pude ver también sus colmillos.
-¡Un vampiro! ¡Eso si que es raro en estos días!-
-Tienes razón... ahora es más común ver a los mutantes pasearse por nuestra ciudad...- comenté, impasible.
-Pensé que era de los humanos-dijo, llevándose una mano a la barbilla, pensativa.
-A estas alturas, puedes encontrarte de todo por estas calles. Ni siquiera sé ya dónde vivo.-
-Oh, pues creo que...-señaló a un cartel a los lejos que rezaba en letras muy grandes: "MATANPIRE CITY".
Esta vampira...¿era tonta, o fingía serlo?
Sonreí forzadamente, y la agarré por un brazo, enganchándome de ella.
-Vamos querida, creo que te hace falta un poco de diversión.- musité entre risitas.
-...¿Diversión...?-murmuró, confusa, dejándose llevar por mí.
-Díos mío... susurré.-
Por un momento me imaginé que aquella vampira que llevaba del brazo no sabía ni por asomo lo que significaba aquella palabra. ¿Sería una vampira resignada y aburrida?
-Por cierto... soy Ginebra, encantada.- sonreí.
-Alda, es un placer-dijo mirándome, y luego un poco más bajo-...creo.
Llegamos entonces al lugar: “Hot Wilson”; mi bar preferido. Allí había conocido a todas mis presas, era muy conocido, discoteca a partir de las 12 de la noche, y bar todo el día.
-¿Alguna vez has... esclavizado a alguien?- pregunté extrañada.
Alda estaba muy distraída mirando todo lo que ocurría a su alrededor y tuve que repetirle la pregunta.
-Eh...-dijo arreglándose el cabello-.Me parece mucha responsabilidad cargar con un vampiro principiante de aquí para allá...
Me eché a reír por su comentario, no esperaba que lo dijese en serio.
-Nunca cargo con mis esclavos.- aclaré.
-Vaya...Yo creía que sí que había que hacerlo.
-Supongo que saber esto, te hará cambiar de idea...-
-...Eh...-pareció incómoda-.No tengo tantas cosas que hacer como para necesitar siervos...-
-Eres una vampiresa... extraña.- aseguré mirándola con atención, con los codos apoyados sobre la mesa en la que nos habíamos sentado.
De repente, dos chicos se acercaron y tomaron asiento a nuestro lado. Pensé que sería divertido ver actuar a Alda, y me escabullí con la primera excusa que se me ocurrió.
-Perdonad chicos, necesito ir al servicio.-
-¿Te acompaño?-dijo ella, a la desesperada.
-NO, ejem... quiero decir... no es necesario, regresaré enseguida...- corregí.
-...Está bien...-dijo mirando a los chicos, y encogiéndose un poco en su silla.
Cuando regresé, Alda se encogía aún más en su asiento, si eso era posible, y miraba a los chicos con los labios muy apretados, como disgustada. Sin embargo, ellos parecían muy a gusto. Uno de ellos se acercó a la oreja de la vampira, que se alejó con una sonrisa educada. Entonces el otro se inclinó hacia ella.
-¿Te invito a algo?
-No bebo-respondió educadamente-.Gracias...
-Tráigame un baileys por favor...- pedí al camarero acercándome a la mesa.
Tomé asiento, y me limité a observar la escena en silencio, con una gran sonrisa en los labios.
-¿Y vienes mucho por aquí?-seguían insistiendo.
-Es la primera vez-suspiró ella, poniendo los brazos sobre la barra y estirándose un poco sobre ella, como si le faltase aire.
No podía dejar de reírme, aquellos chicos eran tan... novatos... pero eran muy atractivos, y su sangre debía ser deliciosa.
Miré a Alda divertida, y el lugar se oscureció de repente. En lugar de aquellas luces blancas tan molestas, aparecieron otras parpadeantes de colores. Al ritmo de las luces, comenzó a escucharse música, aquella música que tanto gustaba a los chicos, pues con ella, podían bailar bastante pegados a las chicas.
Antes de que los chicos pudieran abrir la boca, Alda espetó:
-Y no, no sé bailar-suspiró.
-Vamos Alda, anímate un poco.- insistí agarrándola de una brazo, empujándola hacia la pista.
-Pe...pero...yo...-intentó decir.
-Demuéstrales a estos estúpidos humanos, lo que una vampiresa puede hacer.- comenté entre risas.
-¿En la pista de baile...?-preguntó confusa, antes de que uno de ellos la tomara de la mano.
Le guiñé un ojo, y cogí mi copa para tomar un sorbo mientras observaba a Alda y a aquel chico.
Entré en la pista también, y me coloqué cerca de Alda, en un lugar donde pudiera decirle algo que sólo ella escuchara:
-Alda, ¿es que no te gustan los hombres?-
-¿Aaaah?-casi lloriqueó-.No es eso, es que...me están asustando...Ni siquiera sé sus nombre y ellos...
-Yo soy Kevin.- dijo el chico con el que bailaba que al parecer la había escuchado. Luego se le echó encima, besándole muy cerca de los labios.
-¡Encantada! ¡Ahora podrías, por favor...!-a su vez, Alda forcejeaba para apartarlo.
-Vamos, guapa, no te resistas...-
-Ginebra...-la vampiresa me miró, suplicante.
-Alda, querida, creo que hemos olvidado algo...- dije separándola del tal Kevin, y saliendo apresuradamente del bar.
-Repito... eres una vampiresa muy extraña... pero bueno, eres bastante graciosa.- dije colocando mi mano derecha sobre su cabeza.
Me miró con ojos curiosos.
-Si te dijera que es la primera vez que lo oigo, te mentiría...Empiezo a pensar que no es ningún cumplido...
-Aldita, ¿eres vampiresa desde hace poco tiempo?.-
Se rió...
-Depende.-
-Me tomaré esa respuesta como un... si.-
Ella volvió a reír alegremente.
-¡Me alegro mucho de haber salido de aquel antro!-dijo, cambiando de tema-¿O pensabas...cenar ahí?
-No, creo que después de tantas emociones se me ha revuelto el estómago, mejor busquemos la cena en otro lugar.- indiqué entre risas -¿Te parece buena idea algún callejón de los de la principal?-
-Está bien-asintió dócilmente.
Alda se enganchó de mi brazo, y caminamos hacia la principal. A pesar de tener el estómago revuelto, aún no se me habían quitado las ganas de cenar sangre caliente...

*OUT* Muchisimas gracias a Kaori por rolear!! Que mona es Aldaaaa *-* espero que os guste!! XDDD *OUT*



Yuna maldijo la ciudad a las 2:51 a. m.